Hablamos, por supuesto, de Ronaldinho, capaz en su recorrido como blaugrana de devolver la ilusión por el fútbol a los culés tras muchos años de sequía, con jugadas imposibles y coqueterías de salón, y de restar en sobremanera cada vez que sale al campo unos años después.
La pregunta no es precisamente nueva: ¿Qué Ronaldinho veremos el próximo domingo? Era una retórica que sobrevolaba Barcelona cuando se acercaban los partidos y en la retina permanecían los torpes y desincronizados movimientos del brasileño de la jornada anterior, mezclados con la fantasía que no hace tanto era capaz de imprimir en sus jugadas. Como digo, era una pregunta sin respuesta, de aquellas que se lanzan más por afirmar un hecho que esperando una contestación.
El tiempo, ese constante examen al que sólo a veces escuchamos, es quien vuelve a traernos los informes. Y es que cuando una pregunta de esta índole se alarga más de año y medio uno se pregunta cómo es que todavía Ronaldinho sigue aquí, cobrando como el que más y aportando al equipo como el que menos.
Ayer Ronaldinho debía volver, o al menos ese era el "run-run" que se oía en la calle. Tanto los detractores como los incondicionales del brasileño señalaban que era un partido para él, para los cracks, para los que no se esconden y sacan el fútbol en los momentos decisivos. Todo ese carrusel de tópicos definían lo que era, en ese momento y hasta el pitido final del derby, Ronaldinho.
Una vez Mejuto González cerró el año para R.Madrid y Barcelona, con otro batacazo culé más en el Camp Nou contra sus eternos rivales, "pro y anti" Ronaldinhistas comparten el sentimiento de decepción e impotencia que el brasileño les ha servido.
Sobre el campo, la única diferencia entre el Ronaldinho de las pasadas jornadas y el de ayer era que no llevaba la cinta en el pelo. Por lo demás... más de lo mismo.
El Dinho cuajó otra "brillante" actuación, incapaz de irse de Ramos más que en un par de ocasiones, perdiendo balones constantemente, ralentizando alarmantemente el juego de conjunto, monopolizando el flujo atacante pese a su insultante estado de forma... En conclusión, otro signo negativo en su calificación final.
Y así dijo adiós. Ya nadie cree sus promesas de aparecer cuando el equipo le necesite, de querer volver a ser el mejor del mundo, de devolver a los aficionados al barça -y al fútbol- el Ronaldinho que conocen... El crédito se ha mantenido muchos meses, confiando en que el genio volvería junto a la profesionalidad que cualquier deportista de élite debe tener. Y no ha vuelto ni la magia ni el compromiso, condenándole a buscarse un futuro deportivo, si es que eso todavía le interesa, en otro equipo.
No será seguramente este invierno cuando Ronaldinho haga las maletas, pues tampoco el Barça debe malvender ni precipitarse en operaciones relámpago sin un proyecto alternativo, pero lo cierto es que de verano no pasará. Y el brasileño acabará saliendo por la puerta pequeña, la que él eligió, pues muchos hubieran querido que se retirara como blaugrana, habiéndolo bautizado como uno de los rostros más importantes de la historia del club. En sus manos estuvo, y él mismo lo rechazó.
Redactor - Roger Llorens